Hay gente para la que el verano es una actitud con la que encarar la vida más allá del límite impuesto a finales de septiembre.

Hay quienes vuelven una y otra vez a engañarse, y confiar en que ese amor veraniego será, esta vez, definitivo.

Hay sensaciones de esta época del año a las que siempre se vuelve, precisamente porque se sabe que no van a volver más: las verbenas del pueblo con los amigos, las vacaciones de tres meses, la juventud. Lo efímero, en definitiva.

«¿Qué haces tú aquí, chaval, qué esperas de esa amistad fugaz y caprichosa entre dos estaciones?», le preguntan al protagonista dibujado por Juan Marsé en ‘Últimas tardes con Teresa’. Pues así estamos nosotros.

Hablamos aquí de libros que nos amarren a ese sentir del verano. Que se puedan leer en manga corta y con gafas de sol.

Libros de terraza, cerveza en la mano y salitre en la piel. Lecturas para cuando al verano de la vida le asoma un septiembre, que dice Gistau.