La legislatura de Guillermo Zapata: de ‘tuitero’ a ensayista

Guillermo Zapata (Madrid, 1979), dejará el cargo de concejal del distrito de Fuencarral-El Pardo el próximo mes de junio, un par de semanas después de las elecciones que determinen un nuevo gobierno en Madrid. Tras cuatro años gestionando el distrito, atiende a este diario para hacer un repaso no solo de su gestión, también de todo lo que ha envuelto a esta legislatura.

«Hemos hecho tres escuelas infantiles, el campo de fútbol de Mingorrubio, intervenciones en barrios en los que hacía 40 años que no se intervenía, aumentado el presupuesto en todas las partidas de la Junta, arreglado unos cuantos centros de mayores, el descampado de Ganapanes, instalaciones deportivas nuevas en Las Tablas y Montecarmelo, apoyo a los vecinos para que en Montecarmelo haya un instituto… y honestidad en el trabajo. No hemos tenido que dimitir por casos de corrupción, y en la Comunidad de Madrid, la mitad del Gobierno del PP lo ha hecho». 

¿Ha cambiado mucho Guillermo Zapata en estos cuatro años?

Sí, ha cambiado mucho: tengo más canas, estoy más cansado, pero sobre todo conozco más la ciudad, su funcionamiento, creo que sé mucho más de cómo hacer que la ciudad vaya mejor, de la política municipal y de cómo funciona.

Echando la vista atrás, ¿pecó Ahora Madrid de novatos en la gestión de las diferentes ‘polémicas’ que surgieron al principio de la legislatura?

No podíamos no pecar de novatos, puesto que eramos novatos. Aprendimos a relacionarnos con un ecosistema que durante la primera parte de la legislatura fue bastante hostil: aprendimos a hacernos el hueco, a que se entiendan las cosas que queremos decir, a tomarnos las cosas con más calma… y creo que los medios de comunicación han aprendido que por el camino del ataque no estaban debilitando la propuesta, sino, en algunos casos, lo contrario.

Ha acabado la legislatura con intervenciones en los plenos mucho más intensas y directas que cuando empezó, ¿la política te hace duro?

Yo creo que no, por lo menos en mi caso, la política me ha enseñado una cierta complejidad de las cosas que hace que dude bastante más de mis propias posiciones. No creo que haya ganado en dureza, no lo vivo así. Es cierto que cuando se ha ido acercando el momento electoral se ha ido acrecentando una cierta visión simplista de la política que, en la Junta de Distrito, me ha molestado en la medida en que cuando estás en un espacio que trata cuestiones que están tan pegadas a la vida de los vecinos y vecinas no tiene sentido elevarlo a una especie de teatro político como si fuera el parlamento, esa parte de interpretación sí me puede haber molestado más, pero no me siento más duro, más bien al revés.

¿Es suficiente cuatro años de gobierno para cambiar Madrid?

No, en ningún caso. Y viniendo el Ayuntamiento que nosotros encontramos en 2015, mucho menos todavía. Hacen falta ciclos más largos.

Acaba de publicar un libro de ensayos («Perfil bajo. Libertad de expresión, ansiedad tecnológica y crisis política», ed. Lengua de Trapo, 2019) donde narra situaciones de su paso por la política. ¿Hace falta más humanidad en la política?

Bueno, creo que mi libro habla poco de mi paso por la política, se habla muy poco del periodo municipal, para contar esa experiencia tendría que hacer otro libro. Creo que la política hay que normalizarla más que humanizarla, normalizar que personas comunes y corrientes formen parte, durante un tiempo, de una propuesta política, que luego salgan, que la relación entre ellas sea más normal.

En el caso de la política municipal creo que hay que relativizar esta especie de noción de poder que genera figuras más bien cómicas. Siempre me ha hecho mucha gracia esa idea de trascendencia del poder, y la verdad es que yo no se escribir desde otro lugar, lo más honesto es escribir desde primera persona cuando hablas de procesos que te han pasado, y que la gente entienda que pueda haber argumentos que vengan de una vivencia.

Su colectivo, Madrid 129, apostó por mantener la confluencia iniciada con Ahora Madrid pero, al no ser posible -tras segregarse el grupo en Más Madrid y Madrid en Pie-, no optará a reeditar una concejalía. ¿Qué sensación le deja la falta de acuerdo en el espacio político a la izquierda del PSOE?

Ahora mismo (la entrevista se realizó el martes), mi sensación es de incertidumbre. Creo que debo ser prudente, que en 2015 la hipótesis de la confluencia era la mejor, y el desarrollo de esa hipótesis le habría dado una enorme fuerza política a Ahora Madrid, pero nunca se desarrolló, ni siquiera al principio, y en ese sentido hay una sensación de derrota política por quienes apostamos por la confluencia. Es muy habitual en la izquierda pensar en las cosas que no se hicieron bien, lo cual genera una cierta complacencia…

La realidad objetiva es que no hay confluencia, y la duda es si esa ausencia de confluencia puede ser una cuestión positiva en términos electorales primero, y de hipótesis política a desarrollar, después. Estoy todavía muy atravesado por la vivencia de la confluencia como para decir lo que pienso sobre ello, pero creo que las elecciones van a dar una primera pista, y a partir de entonces habrá que seguir pensando cómo transformar la ciudad.

¿A quién va a votar el domingo?

Soy concejal por un proceso de confluencia que ya no existe, por respeto a ese proceso y a que hay compañeros del mismo en una y otras candidaturas –o en ninguna- creo que debo ser discreto. Cuando alguna candidatura me ha pedido que echara una mano, lo he hecho con idea de dar cuenta de la gestión municipal que hemos hecho estos años.

Hablemos de gestión. Ha cumplido buena parte del programa electoral de Ahora Madrid en el distrito y ha dejado otra parte importante en tramitación. ¿Qué balance hace de estos cuatro años?

Hay un dato que me gusta dar, que es el gasto por habitante en el distrito. En 2015, cuando entramos, el gasto era de 71€ por habitante, en 2018, último presupuesto cerrado, estamos en 111€. El presupuesto de 2019 está pensado para llegar a 118€. Hablamos de 40€ más por habitante en un distrito que es bastante grande.

«Hay cosas en las que me hubiera gustado llegar más lejos pero estoy muy contento de lo que hemos sido capaces de avanzar»

Nosotros encontramos la Junta de distrito sin proyectos: las escuelas infantiles no tenían solares asignados; las bibliotecas no tenían parcelas asignadas ni proyectos, hemos hecho los concursos de diseño, sacaremos los proyectos a licitación el año que viene.
Nos encontramos unas Juntas sin capacidad de intervenir y las dejamos en marcha con un aumento grande de la inversión, obras en barrios que hacía 30 años que nadie tocaba, habiendo conseguido la fábrica de Clesa como una infraestructura potente para la ciudad a desarrollar la próxima legislatura… Hay cosas en las que me hubiera gustado llegar más lejos pero estoy muy contento de lo que hemos sido capaces de avanzar, y creo que la Junta de Distrito ha ganado peso, y creo que eso es bueno hasta para la oposición, que ha sido mejor.

¿Entiende que haya vecinos y entidades decepcionadas y que creen que se ha debido hacer más?

Entiendo que estén decepcionadas porque desearían que se haya hecho más, pero con el volumen de trabajo, la capacidad de gestión, la capacidad presupuestaria y todos los límites que nos hemos encontrado, con toda honestidad creo que no se ha podido mucho llegar más lejos de lo que hemos llegado, por eso creo que hace falta una segunda legislatura donde esos procesos de cambio fructifiquen.

También entiendo que las necesidades sociales, y que la función del tejido asociativo sea demandar más a las instituciones, me preocuparía que las asociaciones estuviesen tranquilas y calladas. De hecho me recuerdo a mí mismo trabajando en espacios asociativos en relaciones a necesidades sociales, y comprendo que lo que tienen es que exigir más a las instituciones.

¿Hay que continuar el proceso de descentralización?

Es fundamental. Las Juntas de distrito son máquinas de gestionar, y gestionan mejor que un área, puesto que estas realizan diseños estratégicos de mayor calado. Para las cosas que les preocupan a los vecinos, las competencias de las Juntas deben ser todas las que afecten a lo cotidiano: igual que tenemos servicios sociales o participación, debemos tener el arreglo de aceras. Como acabamos de incorporar estas competencias, creo que durante la próxima legislatura, donde se van a desarrollar, se va a dar un paso de gigante.

Pero creo que no se debe olvidar que, aunque todos los partidos hemos hablado de descentralizar, a lo largo de la legislatura hemos visto como PP y Ciudadanos han puesto trabas a la descentralización: estando aparentemente de acuerdo, la oposición ha tratado de bloquear la acción de gobierno en vez de criticarla, aún sabiendo que es bueno, para que el otro no se lleve el mérito.

¿Qué actuación señalaría como ‘el legado’ de Guillermo Zapata en el distrito?

Reconozco que no pienso a través de legados, nunca he tenido ese deseo de dejar mi marca. Creo que un concejal de distrito es una persona que está en una estructura que debería hacer invisible. Si tengo que destacar algo, sería la puesta en marcha de esa «maquinaria invisible» sobre la que no puedes sacar pecho, esos mecanismos que hemos puesto en marcha para los vecinos, pero que son muy difíciles de vender. Creo que hemos tenido gobiernos empeñados en ponerse sus propias estatuas, pero yo considero que debe haber trabajo.

¿Es un fracaso no haber aprobado la Operación Chamartín esta legislatura?

A mi que la operación se retrase no me preocupa, sobre todo si sirve para resolver una situación que hoy por hoy no se da. No hay consenso con las entidades del distrito que han participado en el proceso hasta septiembre. Buscar ese consenso me parece positivo y necesario. Valorar lo que suponen esas más de 3000 alegaciones presentadas. Puede haber consenso con distintas fuerzas políticas, pero el consenso con las entidades sociales y vecinales es importante también. Los partidos no van a vivir aquí, los vecinos y vecinas, si. Por lo tanto, retrasar no me preocupa si sirve para mejorar.

¿Mantendría los foros locales o cambiaría sus dinámicas?

Los foros locales son una experiencia de participación directa de los vecinos y autoorganización de los mismos muy interesante. Creo que hay que reforzarlos con recursos, tiempo y ayuda para que la gente se pueda organizar. No creo que a nadie que se siente en una concejalía de distrito le pueda venir mal un foro local porque te ayuda a entender problemas y ofrecer soluciones.

Tras cuatro años gestionando y conociendo el distrito, ¿cree que habría que dividirlo administrativamente?

Hay dos planos de esa división administrativa: la creación de un nuevo distrito, que es un debate con capas más complejas; y otra cosa es que el distrito está muy centralizado para lo grande que es, debiendo disponer de equipos en los barrios. No es razonable que una persona que tiene que hacer procesos administrativos en Las Tablas tenga que venir hasta aquí. Todo lo que podamos avanzar que este espacio, que es el más cercano al ciudadano, esté todavía más cerca, puede ser interesante. Sobre construir un nuevo distrito, eso tiene otras implicaciones que tiene que ver con la propia representación política, y habría que valorarlo con más cuidado.

El bloque de derechas arrasó en los PAUs del distrito en las últimas elecciones generales. ¿Cómo se valora esto tras cuatro años de gobierno municipal de izquierdas?

Una de las cuestiones que nos van a decir las elecciones municipales y autonómicas es si el voto se va a producir en clave estatal, o será municipal y regional. Diría que hay que mirar en clave municipal, las tornas se invierten, al operar dos órdenes distintos. Y creo también que no se pueden trasladar los resultados las fuerzas políticas que se presentan a las generales sobre las municipales; considerando además que los municipios tienen dinámicas propias, las cuales nos permitieron gobernar en 2015.

¿Cual cree que es el futuro del distrito?

Creo que debemos avanzar hacia una idea un poco más autosostenible de los propios distritos. Esa vida que antiguamente podías hacer de una manera completa en tu barrio ha estallado: duermes en un sitio, trabajas en otro, el ocio y cultura están en otro. Creo que debemos reterritorializar la vida para que uno pueda reproducir lo más posible su vida al completo sin necesidad de recorrerse la ciudad de un lado para otro. Ese es, además, uno de los elementos en la lucha contra el cambio climático y por una movilidad eficiente.

Además, creo que eso permite dejar de homogeneizar la ciudad, que el distrito se vaya singularizando, con sus propios vecinos y dinámicas, que vaya a otro lugar y vea que la ciudad es diferente. Uno de los grandes retos de este distrito es la pelea contra el envejecimiento de la población y, ligado a este, la soledad. La idea de una ciudad que se distribuye generacionalmente, donde jóvenes y mayores están en sitios distintos, es una mala idea de ciudad, y genera que los mayores estén en espacios más abandonados. Eso se soluciona mezclando, mestizando los barrios.

Este es un distrito donde hay capacidad económica y tejido productivo, pero creo que hay que intentar que esos tejidos vuelvan al propio distrito: la economía financiera vuelve a una acumulación invisible que casi nunca vuelve al territorio donde se produce, y hay que trabajar más en ello.

¿Algún consejo para su sucesor?

Paciencia, planificación, que lo más importante es el diseño presupuestario, y que no tenga miedo de presionar a las áreas como si estas no fueran parte de su gobierno.

¿A qué se va a dedicar a partir de ahora?

Todavía no lo tengo pensado, y lo que tengo pensado no lo puedo decir.

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